Fue el mundial de Estados Unidos '94 el primero en el que vi a México jugar en la máxima competición futbolística del mundo; fue en ese mundial el primero en el que México calificó a la segunda ronda en un mundial fuera de casa y lo hizo con el primer gol que me hizo brincar de emoción como nunca lo había hecho en mis seis años de vida: Marcelino Bernal disparó desde fuera del área y metió el balón en el ángulo inferior derecho de la portería italiana. México empataba a 1 con Italia y de esa manera calificaba a la siguiente ronda. Ya en Octavos de final la selección perdió en penales contra Bulgaria y con eso llegó la primera decepción con la que mi "yo" de seis años tuvo que lidiar.
Pasaron los años, fui jugando, viendo y entendiendo más el futbol y con ello pude asimilar mejor y hasta prever las posteriores derrotas en octavos de final.
La selección mexicana era cada cuatro años sinónimo de regularidad: una forma de jugar regular con chispazos de ilusión y mazazos de realidad que sólo los más ilusos y los porristas de Televisa se negaban a ver intentando vender la idea de que la selección estaba para llegar muy lejos.
Llegó entonces el periodo de clasificación para el mundial de Brasil 2014. Se esperaba una clasificación tranquila pues apenas un par de años antes la selección había obtenido su más grande logro al ganar, con buen futbol, la medalla de oro en los juegos olímpicos de Londres.
La realidad fue muy distinta: la peor etapa de clasificación en la historia de la selección mexicana se dio para este mundial. Desempeños vergonzosos, derrotas en el otrora inexpugnable Estadio Azteca, un triple cambio de entrenador y la falta de actitud tuvieron a México a dos minutos de quedar fuera de un mundial. Sin embargo, una victoria de Estados Unidos le dio a la selección una nueva oportunidad si cumplía el trámite de derrotar a un limitadísimo equipo de Nueva Zelanda. México venció con claridad y entonces obtuvo su boleto al mundial.
Todo hacía augurar un desempeño desastroso en el mundial, quizá el peor en mucho tiempo. No se veía por donde un equipo integrado por varios de los mismos que participaron en la vergonzosa clasificación y dirigido por un técnico al que le cayó de rebote la dirección técnica de la selección pudieran cambiar las cosas. ¡Qué equivocados estábamos!
Jamás vi a una selección mexicana jugar tan bien un mundial. El equipo fue eso: un equipo, y eso en el futbol es muy difícil. El equipo tuvo garra, fue unido, se supo sobreponer a varias adversidades y jugó de la manera más ilusionante que ha jugado una selección mexicana. Hasta estadísticamente México tuvo su mejor primera ronda de la historia. Nunca una selección me había hecho creer tanto en la posibilidad de llegar lejos en un mundial, así como nunca una selección me había hecho sentir tan triste tras una derrota.
El mundial con México acabó dejando muy buenas sensaciones a futuro a pesar de la derrota. Gracias, Piojo, Ochoa (el futbol te hizo justicia), Layún (quién iba a decir que ibas a jugar un mundial), Maza (callaste bocas como se debe: jugando), Márquez (eterno capitán), Moreno (muy digno sucesor de Rafa), Aguilar (qué entrega), Gallito (la revelación del equipo), Herrera (eres un crack), Guardado (mejor que nunca), Oribe (eres un genio) y Dos Santos (intermitente, pero lleno de talento). Gracias también a ti Chicharito (revulsivo de lujo), Reyes (hay central de nivel para rato) y todos los demás que participaron.
Se acabó el mundial de México, pero no se acabó el mundial. Que ruede el balón que ése no conoce de tristezas.

