Lo que importa de las coincidencias es eso, que co-inciden en ambas partes donde se producen. Si nos sucedió ésta de la que quiero hablar, quiero decir qué fue lo que incidió en mí a partir de ello. Lo importante es también lo que significan, sino no serían nada más que un instante curioso perdido en el tiempo; para eso primero quiero relatar la historia de esta coincidencia, desde mi lado.
Cuando mi adorado sobrino estaba por nacer y en la familia, se opinaban y sugerían nombres para niño y niña yo pensé en uno para niña , uno que era poco común y sonaba fresco, digno de una mujer lista , avispada, segura de sí y alegre, un nombre que le había escuchado a uno de mis maestros de la universidad al mencionar a su hija: Miranda. Finalmente, mi sobrino Iker fue niño y de haber sido niña sus padres le habrían puesto Isabel, así que Miranda se quedó allí, viajando en el limbo de los nombres que no fueron usados y en una lista de posibles nombres futuros a considerar.
Meses después, yo coqueteaba con un chico de mirada serena y cálida, nos emocionó la existencia del otro, el encuentro espejo de nuestros seres y un día después del cine, me besó y el mundo se hizo mejor. Pero esa es otra historia...
El punto es que en el intermedio entre el beso y definir oficialmente las cosas que nos sucedían como una relación amorosa, tomábamos una bebida y platicábamos de todo y nada, bajo un ambiente de deseo, vitalidad, búsqueda incesante de más y más de lo encontrado en los recientes besos y yo le dije: -Si mi sobrino hubiera sido niña, yo quería que se llamara Miranda. Él abrió los ojos como platos y me miró fijo y sin dar crédito a tal enorme coincidencia dijo: -Es que wow... yo siempre he dicho y siempre había dicho a muchas personas que si yo tuviera una hija, la llamaría así, Miranda. Y el mundo se hizo nuestro, y la historia de la humanidad y las guerras y batallas vencidas de todos los tiempos cobraron sentido, los vicios y alegrías de los hombres y mujeres, los inventos , todos los fracasos y triunfos de nuestros ancestros, la vida común y bella de nuestras familias cobró nuevo significado así nada más, con un nombre al que después de veintitantos años de cada uno ambos llegamos a desear.
La coincidencia incidió en mí como una maravilla en la vida, un uno en un millón y un paso más a decir sí. Lo que me significó fue algo similar, ya que ambos hablamos de darle un nombre al futuro y para ambos era el mismo nombre, es decir, y es un decir muy fuerte: el futuro de ambos busca, desea, necesita, quiere y tiene el mismo nombre.
Miranda , quizá venga en el futuro y sea una hermosa maravilla que cierre el círculo de ese significado de futuro y abra nuevos significados de ese presente que hoy es futuro, quizá no se llame Miranda (a veces ya no me convence tanto el nombre en si) pero la coincidencia y el amor que devino de ella seguro estarán ahí.
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