Hay una libertad que se huele cerca, una que quiero probar, tocar.
Hay una libertad en la que estar desnudo del alma con uno mismo es natural. Ahí todo huele a rocío fresco y no a un cuarto enmohecido, ahí es donde el arte vive y se desliza por los poros, por las venas, por las risas.
En esa libertad, que es un lugar, respiro las mañanas sin necesidad de una escafandra que me ayude a tener oxígeno puro, las luces de la primavera están cerca, las puedo tocar con las manos y me llenan como luciérnagas de arriba a abajo.
Libertad para comer sandía, para sentarse en la banca del parque, para caminar sin ataduras y correr sin que sea por prisa.
Esa libertad se encuentra cerca, casi a la vuelta de la esquina, es mía pero también es para ti, para compartirte y que el aire de tu vuelo y el mío se impulsen para ir arriba, transversalmente, abajo, en espirales de felicidad...
La huelo, la ansío. ¿La sientes tú?
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