lunes, 17 de febrero de 2014

Hay una libertad que se huele cerca, una que quiero probar, tocar.
Hay una libertad en la que estar desnudo del alma con uno mismo es natural. Ahí todo huele a rocío fresco y no a un cuarto enmohecido, ahí es donde el arte vive y se desliza por los poros, por las venas, por las risas.
En esa libertad, que es un lugar, respiro las mañanas sin necesidad de una escafandra que me ayude a tener oxígeno puro, las luces de la primavera están cerca, las puedo tocar con las manos y me llenan como luciérnagas de arriba a abajo.
Libertad para comer sandía, para sentarse en la banca del parque, para caminar sin ataduras y correr sin que sea por prisa.
Esa libertad se encuentra cerca, casi a la vuelta de la esquina, es mía pero también es para ti, para compartirte y que el aire de tu vuelo y el mío se impulsen para ir arriba, transversalmente, abajo, en espirales de felicidad...

La huelo, la ansío. ¿La sientes tú?