jueves, 5 de diciembre de 2013

5 de diciembre de 2065

Hoy que vienen mis nietos de visita qué mejor de platicarles de un hombre que murió hace 52 años y que fue de los mejores seres humanos que han pisado esta Tierra: Nelson Mandela.

Ya llegan; siempre sonrientes cuando vienen a visitarnos. A pesar de que los gadgets que hoy manejan les permiten acceder a infinidad de historias de maneras que sólo podía imaginar durante mi juventud, aman las historias que su abuela y yo les contamos. 
Miro sus caras ansiosas de saber, de escuchar esas historias "de tiempos tan primitivos tecnológicamente" como ellos los llaman.

-¿Hoy nos hablarás de aquél científico que logró unificar los campos de la física?- preguntaron ambos.
-No, pequeños. Hoy les hablaré de un hombre extraordinario que murió un día como hoy, pero de hace 52 años: Nelson Mandela.

Enciendo entonces el proyector de hologramas para mostrarles el rostro de Madiba y comienzo mi historia:

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¿Se acuerdan cuando hace 20 años hubo problemas porque había gente que se oponía a la convivencia de los robots y los humanos? Ahora imagínense un país en el que hace más de un siglo la gente fuera discriminada por su color de piel. 
Si bien aún hay algo de discriminación en ciertas partes del mundo por el miedo a lo "diferente" que tanto nos distingue como humanos, en ese entonces la discriminación venía del mismo gobierno con leyes que separaban a los humanos por su color de piel. Los derechos humanos fundamentales eran dados en función de si eras negro o blanco. Ésta era la realidad en muchos países, pero esta vez les hablaré de la Sudáfrica de Mandela.

Durante la época de la que hablo, Sudáfrica era una colonia británica habitada por una minoría blanca y una gran mayoría negra. Para preservar sus privilegios, el gobierno, encabezado por gente blanca, creó un sistema de separación racial llamado Apartheid cuyo fin era el separar a los blancos de los negros en todos sentidos. Los blancos tenían acceso a los derechos humanos elementales, mientras que los negros no. Muchos sudafricanos negros no resistieron esto y decidieron luchar por la igualdad, y entre ellos estaba Nelson Mandela. Primero la lucha fue pacífica hasta que Mandela y varios compañeros suyos fueron arrestados durante cinco años. Las condiciones de vida de los negros no mejoraban sino todo lo contrario; cada día se cometían más y más abusos de poder en contra de ellos como la matanza en 1960 de 69 manifestantes que se oponían pacíficamente a las leyes racistas. Es por eso que al salir de prisión, Mandela se encontró con una comunidad de activistas deseosos de ejercer medidas más drásticas, recurrir a las armas. La lucha armada de Mandela duró tres años hasta que fue apresado y sentenciado a cadena perpetua. En prisión, al ser negro y preso político vivía condiciones aún peores que las de cualquier preso.Sin embargo, el estar en prisión lo convirtió en un símbolo de resistencia, de lucha por todos los negros que al igual que él no tenían libertad. La figura de Mandela creció aún más tanto dentro como fuera de la cárcel.  Las presiones internacionales para su liberación eran incesantes. El gobierno quiso desacreditarlo al ofrecerle su libertad a cambio de convencer a su organización rebelde de desistir de su lucha y sabiendo que la familia de Mandela lo necesitaba. Él rechazó la oferta porque peleaba por todos.
El gobierno, aislado ya de la comunidad internacional debido a las presiones que ésta ejercía para la liberación de Mandela y la eliminación del Apartheid, empezó a tener pláticas con Mandela sin tener muchos resultados. Finalmente, en 1990 Mandela fue liberado por órdenes del presidente De Klerk. De Klerk trabajó junto con Mandela para democratizar y cambiar la situación del país. Incluso ambos ganaron el Premio Nobel de la paz en 1993. Pero fue en 1994 cuando  Sudáfrica vivió un hecho histórico: ya con la comunidad negra teniendo derecho de votar, Nelson Mandela fue elegido presidente. 
Había gente blanca que tenía miedo de lo que podía pasar. Pensaron que después de tantos abusos que sufrieron Mandela y los negros, habría represalias. Sin embargo, Mandela demostró lo grande que es al poner en marcha una política de reconciliación nacional. Congruente como siempre fue, él quería un pueblo unido, sin rencores y sin que importara el color de la piel. Es por eso que nombro a De Klerk como su vicepresidente y junto con esta política de reconciliación nacional también impulsó la redacción de una nueva constitución, que sí fue aprobada, que reconociera los derechos en igualdad para todos los sudafricanos.
Otro hecho que no hace más que hacer su figura aún más grande se dio en 1998 cuando la Comisión de la verdad y la reconciliación presentó las conclusiones de sus investigaciones: Mandela sacó a la luz los crímenes cometidos por los racistas, pero también puso en evidencia aquellos cometidos por los grupos revolucionarios y de liberación. Con esto quiso cerrar esa página vergonzosa de la historia de Sudáfrica y de la humanidad. Cuando terminó su periodo en el poder, la situación social en el país ya era distinta y era amado por su pueblo. Pudo haberse presentado a la reelección y ganar, pero él, que nunca anheló el poder, no quiso y se retiró de la vida política y unos años después de la vida pública hasta su muerte a los 95 años el 5 de diciembre de 2013.

Como ven, Mandela era un hombre justo, congruente, bueno, de paz, fuerte, de convicciones firmes, inteligente y con una bondad y fuerza de espítiru únicas. Es casi imposible encontrar un ser humano así, de ese tamaño.

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Ahora vengan conmigo. Vamos a ver una película junto con su abuelita que los ayudará a entender más sobre lo inteligente que era Mandela. Ya la puse ahí en el blu-ray de quincuagésima generación. Se llama Invictus.



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Descanse en paz, Nelson Mandela. Gracias por todo.






domingo, 10 de noviembre de 2013

Mi florero nunca está vacío, cada pétalo de cada flor dentro de él es una promesa de la vida renovada, la vida con un aroma fresco, un rocío permanente, una contemplación pausada de la belleza. Cada flor es siempre un beso, en cada ramo está toda su luz, todo nuestro amor.

Me recuerda un tanto al dulcísimo amor entre Marc Chagall y su amada Bella:

"Yo sólo abría la ventana de mi habitación y el aire azul, el amor y las flores entraban con ella. Vestida toda de blanco o toda de negro, ella sobrevuela desde hace tiempo mis telas, guiando mi arte. No termino cuadro alguno o grabado sin pedirle su "sí o su no". "

-Marc Chagall "Mi vida"-


domingo, 8 de septiembre de 2013

27

A los 7 años en verdad creí que si me tragaba las semillas de sandia o de naranja, crecería un árbol de tales frutas en mi estómago. Eso me lo dijo de broma mi mamá. ¡Qué hermoso funciona la imaginación a esa edad!

Al momento de mi nacimiento se celebraba el partido México vs. Paraguay en el mundial de México 86. Empataron. Yo anoté a las 15:15 pm.

A los 19 años supe lo que era de verdad ganar algo para mí, algo valioso que yo elegí y nadie podría ni podrá quitarme. Entré al lugar que deseaba para aprender Artes.

Tenía 24 años cuando inicié el camino más pleno y el reto más gratificante para mi cuerpo y mi espíritu, cuando comencé en el mundo de la danza aérea.

En un cine llamado Agustín Lara, enorme, de una sola sala y donde aun había intermedio, tenía yo 5 años cuando se me cayó mi primer diente mientras veía "Daniel, el travieso".

Casi no recuerdo qué sucedió a los 8 años, después de que en la víspera de las fiestas decembrinas de ese año mi mamá se fue al hospital y ¡jo, jo, jo! volvió con un diagnóstico incurable.

La arena suave y los colores verdes y azules en agua inmensa fue lo que conocí por vez primera a los 3 años de edad en un mini bikini moradito.

Una celebración de un día entero de cine, mojitos y una fiesta de disfraces fue lo que me obsequié para mis 21 años. Un glorioso y memorable año.

Descubrí una fortaleza incluso mayor que la que ya tenía, un amor infinito, bello e incondicional y una capacidad de reacción admirable la noche que nació mi adoradísimo sobrino cuando yo tenía 25 años.

Los viajes son uno de los alimentos preferidos del alma, sino es que son el postre. A los 16 , viajé sin acompañante hasta Chiapas para encontrarme con su Naturaleza y esplendor, y a mi amiga y su familia que me recibieron muy amablemente.

Relatan semejante mañana legendaria, en casa de mis abuelos que me cuidaban, en la que un llanto terrible de bebé emberrinchado duró desde que una de mis tías se fue al trabajo hasta que volvió a la hora de la comida. ¡Vaya pulmones a los 2 años!

Y hablando de lágrimas, conocí el llanto más profundo, el dolor que deja sin hambre, la desolación más grande por amor y al tiempo, un enamoramiento sin precedentes, desbocado, crudo, obsesivo, cuando tenía 22 años de edad.

Mis pensamientos son solo míos. El ejercicio diario de una caminata de 20 minutos, aunque obligada porque así me debía regresar de la escuela, me ayudó a sin querer meditar y vagar conmigo misma... y a veces un chocotorro o un gansito. Sí, tenía 13 años.

La primera vez que estuve en un escenario de duela siguiendo las instrucciones "rosa, azul, rosa, azul" para pie derecho y pie izquierdo, y que bailé el vals de las flores de Tchaikovsky, esa vez tenía yo 4 años.

Imaginaba mundos y proyectos infantiles como una fiesta de niños, a la que asistieron mis primitos y dos amiguitas más, o el periódico de mi colonia, los campamentos en mi cuarto y juegos infinitos en un parque sin columpios; todo ello al lado de mi fiel compañero de la vida: mi primo. A los 9 años , él tenía 5.

Las carcajadas a las 3 a.m. en la piyamada de cumpleaños, el sinsentido adolescente y el goce de esos años los viví junto a mis dos hermosas amigas que me acompañan desde esa época, de lo mejor que tuve a mis 17 años.

Aprendí de secretos, anécdotas de familia y de que es posible dar un giro a los esquemas bajo los que te han criado a través de un oído atento y un inconsciente al descubierto. Pláticas valiosas a los 12 años que reverberarían para surtir gran efecto unos años después.

Pequeña desilusión cuando llegó mi pastel de 6 años, pedido especialmente por mí hacía ya varios días, mi pastel de conos de helado, al ver que lo que tenían los conos no era helado sino merengue, harto y empalagoso. Lecciones: Las cosas no son lo que parecen, a veces deben adaptarse. Sobrepuse mi desencanto y amé mucho mi fiesta.

A los 26, se me detuvo el corazón un momento y se me salió del cuerpo para habitar en el alma del hombre más noble, paciente y amoroso que he conocido. Desde entonces levito al caminar de su mano y así deseo que continúen las cosas.

Mi alter ego felino, negra, pequeña, dulce y fiel llegó a mi casa sin permiso por una maniobra que urdimos entre mi hermana y yo. Años felices con mi negra consentida, los que pudo estar desde que yo tenía 15.

"Así, enamorada, entrégame tú la caricia suprema de amor" y otras frases que no comprendería sino hasta mucho después pero iban quedándose en mi mente y deseos. Esas frases que aprendí al hacerme fan de Pedro Infante a los 10 años. Culpo enteramente a mamá de eso, y le agradezco.

Un secreto capaz de dividir a muchos que están cerca me partió a mí en pedazos, se me caía la piel y el cabello, estaba en ruinas mi espíritu y muchas cosas en las que creía. Pero callada, despacio, lentamente otra parte de mí, a los 23 años, comenzó a remar hacia otras lenguas y hacia descifrar por medio de mis propias palabras de dónde, por qué y cómo vino tanto dolor.

-Oye, me dijo ese chico que le gustaste a su amigo.
-No, no, no, pero ¿yo? ¿cómo? Bueno, exactamente ¿qué dijo?.
Por primera vez, a mis 14 años podía gustarle a alguien. ¿Habría sido mi peinado, mi maquillaje? ¿Lo que dije? ¡Pero si ni hablamos!

¿Conocer a la hija del señor más podrido en dinero de este país (no sé si aun de todo el mundo)? ¿Trabajar (voluntariamente) para ellos? Sí, cuando di unos primeros pasos en el mundo del arte, quise ver un museo tras bambalinas y estuve ahí con ojos abiertos y un poquito de mi timidez de 18 años.

Igual que a mamá, igual que a mi hermana, a las 3 nos pasó a los 11 años, aquel evento que se repetirá sin cesar cada mes durante muchos años. No fue trágico tampoco mágico.

Pausé mi telenovela de amor protagonizada por dos personajes y medio, entonces viajé a 5 países, 10 ciudades. Vi, comí, lloré, reí, viví. Podría vivir en Roma y en Madrid, no hace frío. Regresé y la telenovela agregó capítulos extra, incluso hubo capítulo de cumpleaños número 20.

Y ahora a ver qué tal los 27...

lunes, 26 de agosto de 2013

Mi universo



Una supernova, una explosión estelar donde antes no había nada, pero que puede brillar más intensamente que el resto de la galaxia.

Donde antes no había nada... llegaste a donde no había quedado nada. La intensidad de tu luz me alcanzó antes de que pasara el horizonte de sucesos, ese punto de no retorno en el que sólo hubiera seguido cayendo. 

Te miré a los ojos tomándote de las manos y sentí la magnificencia del universo recorrerme cual caricia de amantes entregados. Me llevaste a recorrerlo en el momento en que la chispa de nuestro big bang nos hizo cerrar los ojos.

Jamás me había sentido tan pequeño y a la vez tan grande: las cosas que tu alma y la mía se decían, aquellas promesas que se hacían como si estuvieran entrelazadas desde siempre me hicieron ver de cerca que a tu lado sería capaz de ver la belleza y el brillo de las supernovas a través de tus ojos.

O.


Dentro del mar en el caos, tú me hablaste.
Escuché tu voz, pausada y como un susurro la saboreé, así como cuando se ve la lluvia caer, suave y despacio.

Me hablaste de otros tiempos, me hablaste de espejos y laberintos. Desprendimos al unísono las capas que nos limitaban, esa fina niebla que nos detenía, derribamos el muro que tenía colgado un letrero que decía "No pasar".

Al entrelazar las manos con alguien surge una promesa. Siempre.

El sello de esa promesa viene a través del aliento compartido, dulce, suavemente, en un instante que es mas bien un pedazo de universo, un trozo mismo del alma de todos los tiempos detenidos.

-"Encore une fois". Se detiene todo y se escuchan solo dos palpitares.

Jugamos a recorrer la ciudad y a recorrernos, ida y vuelta y una que otra navegación que explora sin saber por donde va. Sin embargo, contigo no me siento perdida, lo sé.

Tu corazón es mi brújula.



N.